Aunque aún es un poco apresurado para prever qué impactos pueda tener esto en el mercado, luego de la larga y mediática campaña presidencial entre Hilary Clinton y Trump, junto con los recientes nombramientos al nuevo gabinete del presidente, existen bases para pronosticar qué políticas tendrá Estados Unidos y cómo estas pueden afectar el comportamiento del precio del petróleo en el mediano plazo.

La transición de un presidente demócrata a uno republicano o viceversa difícilmente podrá ser llevada a cabo de manera “suave” y más aún si se considera que el presidente electo ha sido catalogado por varios medios y analistas políticos como el candidato republicano más radical de la historia. Durante su campaña, el empresario criticó de manera sostenida la globalización y abogó por retornar a un proteccionismo en el que siempre primarán los intereses de Estados Unidos. Entre sus propuestas más llamativas se destacan la construcción de un muro fronterizo en México, derogar el sistema actual de salud (el Obamacare), deshacer los tratados de libre comercio y dar un impulso a las industrias de petróleo y gas.

 En cuanto a las personas nominadas por Trump para hacer parte de su gabinete y sin pretender menospreciar los demás cargos al no poder abordarlos con detalle, destacamos los nombramientos de Rex W. Tillerson y Scott Pruitt como secretario de Estado y administrador de la Agencia de Protección Ambiental, respectivamente. Mr. Tillerson, quien desde 2006 ocupaba el cargo de CEO en ExxonMobil (cuarta compañía a nivel mundial de petróleo en términos de ingresos), tendría relaciones estrechas con Vladimir Putin, presidente de Rusia, y no considera que el cambio climático sea un asunto de inquietud nacional. Por su parte Mr. Pruitt, quien ocupaba el cargo de fiscal general en Oklahoma, ha sido catalogado como un escéptico del cambio climático y defensor del petróleo, y en el pasado demandó en varias ocasiones a la agencia que ahora va a dirigir.

En este contexto, prevemos que Estados Unidos le brinde un nuevo dinamismo a la industria petrolera estadounidense la cual, en los últimos años, perdió un poco de fuerza debido a la caída en los precios del petróleo y a las mayores regulaciones impuestas en algunos estados a las tecnologías de recuperación secundaria como el fracking (que ha sido fuertemente criticada por creer que afecta el medio ambiente). Muestra de ello es que en su segundo día de gobierno, Trump autorizó la construcción de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, ambos vetados durante el gobierno de Obama por protestas de grupos ambientalistas y comunidades indignas. Esto podría llevar a que la producción de petróleo de EE.UU. aumente, lo cual conllevaría a una disminución en los precios del mismo. Vale la pena resaltar que actualmente EE.UU. es el tercer mayor productor de petróleo, después de Arabia Saudita y Rusia, con 8,7 millones de barriles diarios.

Así las cosas, y teniendo en cuenta el reciente acuerdo alcanzado por países tanto Opep como no Opep, para recortar la producción de petróleo, nuestra perspectiva apunta más a una normalización de las fuerzas de oferta y demanda y, en consecuencia, se alinea con la idea de que el precio del barril probablemente seguirá fluctuando entre los US$50 y US$60 por barril, aunque con un mayor riesgo a la baja.

Fuente:http://www.larepublica.co/

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